La Palabra para todos

¿Qué piensa Dios de
la pena de muerte?

Cuando ocurre un crimen atroz, la reacción es casi instintiva: esa persona merece morir. Y la pregunta que sigue es si Dios está de acuerdo. ¿Está la pena de muerte respaldada por la Biblia? ¿Qué dice Dios sobre el Estado que ejecuta a sus ciudadanos? ¿Puede un cristiano apoyar la pena capital sin contradecir el evangelio de la misericordia?

La respuesta corta es: la Biblia presenta una tensión real y sin resolver fácilmente entre la justicia que demanda consecuencias graves por la vida humana, y la misericordia que reconoce que ninguno de nosotros está libre de necesitar gracia. Los creyentes serios y bien intencionados han llegado a conclusiones diferentes, y la honestidad intelectual requiere sostener esa tensión.

Hay tres principios bíblicos que marcan el territorio de esta conversación difícil:

1

La vida humana tiene un valor sagrado que exige consecuencias graves

Génesis 9:6 (RV09)

"El que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque á imagen de Dios es hecho el hombre."

💡 En un español actual

El que quite la vida a otro ser humano deberá responder con la suya. La razón que Dios da es la más profunda posible: la persona fue hecha a imagen de Dios.

Este mandato precede a la Ley Mosaica y fue dado a Noé — considerado el padre de toda la humanidad posterior al diluvio. Su universalidad es significativa: Dios establece que quitar una vida humana no es un crimen ordinario, porque esa vida porta la imagen divina. La consecuencia es proporcional a la gravedad del acto.

Quienes apoyan la pena de muerte desde la fe bíblica generalmente citan este pasaje como base. El argumento no es venganza sino justicia retributiva: la misma dignidad de la imagen de Dios en el ser humano es la que exige que quitarla tenga la consecuencia más grave posible.

2

Dios delega en el Estado la autoridad de castigar el mal con fuerza

Romanos 13:4 (RV09)

"Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo."

💡 En un español actual

El gobernante es un servidor de Dios para el bien común. Tiene la autoridad de castigar a quienes hacen el mal — y esa autoridad viene de Dios.

Pablo reconoce que el Estado tiene una función legítima de aplicar consecuencias, incluyendo las más severas. El "cuchillo" que menciona era literalmente la espada de la ejecución en el Imperio Romano. Su argumento es que esa autoridad punitiva no es contraria a Dios cuando se usa para defender a los inocentes y hacer justicia.

Sin embargo, este principio asume que el sistema que ejerce esa autoridad es justo y no comete errores. La historia ha demostrado que los sistemas judiciales sí ejecutan a inocentes. Muchos creyentes que no objetan el principio de la pena capital en abstracto sí se oponen a aplicarla en sistemas con sesgo racial, económico o institucional que la hacen profundamente injusta en la práctica.

3

Ante el crimen más grave, ninguno de nosotros puede tirar la primera piedra

Juan 8:7 (RV09)

"Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero."

💡 En un español actual

Jesús no niega la ley que pedía apedrear a la adúltera, pero pone un espejo frente a los que querían ejecutarla: ¿quién tiene la moral impecable para aplicarla?

Jesús no abolió la ley en ese pasaje, pero sí desarmó la certeza de quienes querían ejecutarla. Introdujo una pregunta que nadie pudo responder afirmativamente. No es que la justicia sea irrelevante, sino que debe ejercerse con una conciencia profunda de la fragilidad moral de quienes la aplican.

El evangelio de Cristo habla de una gracia que alcanzó a Pablo — un ejecutor de cristianos —, a Pedro — quien negó tres veces a Jesús —, y a todos nosotros. Eso no significa que no haya consecuencias legales para el crimen. Significa que ningún creyente puede sostener la pena de muerte con satisfacción o crueldad, sino solo con el peso de la tragedia que representa: una vida humana, hecha a imagen de Dios, que llegó a ese punto.

Una oración por la justicia y la misericordia

Ante preguntas difíciles sobre el crimen, el castigo y la misericordia, puedes hacer esta oración:

"Señor, vivimos en un mundo donde hay crímenes que me llenan de indignación y donde la justicia parece insuficiente. No pretendo tener todas las respuestas sobre cómo debería funcionar el sistema, pero sí te pido sabiduría para pensar en estas cosas.

Protege a los inocentes. Que los sistemas de justicia funcionen con ecuanimidad, sin privilegios para los poderosos y sin castigos desproporcionados para los vulnerables. Que ninguna persona inocente pague por lo que no hizo.

Ayúdame a no deleitarme en el sufrimiento de nadie, ni siquiera de los que han causado daño. Que mi deseo sea la justicia, no la venganza. Que pueda sostener al mismo tiempo la seriedad del crimen y la posibilidad de la redención.

Y muéstrame mis propias áreas de oscuridad, para que no sea yo quien tire la primera piedra con satisfacción. Tú eres el único juez perfecto. En el nombre de Jesús, Amén."