La Palabra para todos
¿Qué piensa Dios de
la terquedad de los jóvenes ante los mayores?
Tienes veintitantos años y estás seguro de que lo sabes. Tu abuela te da un consejo y lo descartas antes de terminar de escucharla. Tu jefe con treinta años de experiencia sugiere un camino y tú encuentras diez razones por las que está equivocado. No es que siempre tengan razón los mayores, pero hay una actitud que cierra el oído antes de que la sabiduría llegue.
Si te preguntas qué piensa Dios de esa terquedad, la respuesta corta es: el que no puede aprender de quien vivió antes tiene una ceguera costosa. Dios diseñó la experiencia acumulada como uno de los recursos más valiosos que existen — y cerrarse a ella es un tipo de necedad que la Biblia toma muy en serio.
Aquí hay tres principios que muestran cómo Dios quiere que los jóvenes se relacionen con la sabiduría que viene con los años:
La cana merece honra, no condescendencia
Levítico 19:32 (RV09)
"Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová."
💡 En un español actual
Ponte de pie ante un anciano. Trátenlo con respeto. Y haz esto como parte de tu reverencia a Dios. No es sólo una cuestión cultural; es una expresión de fe en Dios.
En la ley de Moisés, levantarse ante un anciano era un gesto físico que comunicaba algo importante: tú reconoces que esa persona tiene algo que merece respeto. No es sumisión ciega a todo lo que digan — es el reconocimiento de que quien vivió más ha visto más.
La terquedad juvenil a veces viene de confundir el respeto con la obediencia ciega. Puedes escuchar con genuino interés y al final tomar tu propia decisión. Pero cerrarse antes de escuchar, responder con argumentos preparados antes de que el consejo termine — eso no es autonomía, es cerrazón que te priva de un recurso valioso.
El necio cree que ya lo sabe todo; el sabio busca consejo
Proverbios 12:15 (RV09)
"El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio."
💡 En un español actual
El que actúa sólo con su propia opinión, convencido de que no necesita a nadie más, ese es el necio. El sabio escucha consejo y lo toma en cuenta. La sabiduría no empieza en uno mismo.
La necedad no es falta de inteligencia; es una postura del corazón. El necio puede ser muy inteligente, pero su problema es que cree que su perspectiva es suficiente. Y esa creencia lo priva de toda la sabiduría que podría obtener de quienes ya recorrieron el camino antes que él.
Los mayores no siempre tienen razón. Pero tienen algo que el joven no puede comprar ni estudiar: años de errores, aprendizajes y observación de la realidad. Descartarlo sin considerarlo es desperdiciar un recurso que sólo el tiempo puede crear.
Escuchar la instrucción hoy da sabiduría para mañana
Proverbios 19:20 (RV09)
"Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez."
💡 En un español actual
Aprende a escuchar consejos y acepta las correcciones que te dan. La inversión que haces hoy en humildad te dará frutos de sabiduría cuando seas tú el mayor. No te cierres ahora a lo que necesitarás saber después.
Hay algo profético en este versículo: la persona que escucha consejo de joven se convierte en alguien sabio de mayor. El hábito de aprender de otros no sólo te da información inmediata — moldea un carácter que sabe recibir, procesar e integrar sabiduría a lo largo de toda la vida.
El joven terco que descarta toda corrección se convierte en el adulto mayor que tampoco puede aprender, porque ese músculo nunca se desarrolló. La humildad para escuchar es una práctica con interés compuesto: lo que inviertes en ella a los veinte años te rinde de vuelta a los cincuenta y a los ochenta.
Una oración para abrirse a la sabiduría de los mayores
Si la terquedad te ha cerrado a lo que personas con más experiencia quieren darte, esta oración puede abrir esa puerta:
"Señor, confieso que muchas veces he descartado el consejo de personas mayores antes de escucharlas bien. He confundido mi energía y mis ideas con sabiduría, y me he privado de aprender de quienes ya recorrieron el camino que tengo por delante.
Perdóname por la soberbia disfrazada de confianza. Dame un corazón humilde que pueda honrar a quienes tienen más años y más cicatrices que yo.
No quiero llegar a los cuarenta años habiendo cometido errores que alguien ya me advirtió que cometería. Enséñame a escuchar de verdad, no para fingir que escucho sino para tomar en serio lo que se me dice.
Y dame también discernimiento para saber qué consejo sigue siendo válido y cuál ya no aplica. Que la humildad y el discernimiento caminen juntos en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén."